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14 Sep

El desafío de comunicar la investigación en educación Reportaje: Conexión entre la investigación y la enseñanza (III) P. Z. / F. M.

Las investigaciones sobre educación matemática en Chile tienen poca visibilidad. “Solo se enteran los que participan en ellas, porque no existen los canales para que la comunidad educativa las conozcan”, declara Salomé Martínez, investigadora del Centro de Modelamiento Matemática (CMM) de la Universidad de Chile.

Por otro lado, la manera de comunicar la ciencia no siempre es amigable para los profesores. Se transmiten los resultados en publicaciones científicas, pero esas publicaciones, en general, no son ni accesibles ni se expresan en un lenguaje comprensible. En muchas ocasiones ni siquiera están disponibles en español.

En efecto, la investigadora y directora del Laboratorio de Educación del CMM (CMM-E) reconoce que hay un distanciamiento entre la investigación de la educación matemática y los conocimientos que se generan en los estudios y cómo estos se traspasan a los docentes. Por eso existen preguntas recurrentes entre los investigadores: “¿cómo nos acercamos a los profesores?”, “¿qué canales podemos usar para comunicar lo que está pasando en otras aulas?”, plantea Martínez, y concluye: “Faltan esos canales para acercarse”.

Leonor Varas, directora del Departamento de evaluación, medición y registro educacional (Demre) y también investigadora de la Universidad de Chile explica: “Es difícil dar a conocer las distintas innovaciones que se están haciendo o lo que ya se investigó. Todo el trabajo se queda en entornos muy chicos”. Porque, además, “las personas que investigan tienen el objetivo de masificar los estudios, pero no necesariamente lo logran”.  

Una manera de acortar esas brechas es involucrar más directamente a la comunidad educativa en los procesos de investigación. Por eso, es cada vez más frecuente que en los estudios participen profesores de enseñanza básica y media, que hoy son parte central en los equipos multidisciplinarios que ejecutan las investigaciones.

Juan Fernández, profesor de educación básica de la Escuela Grenoble de la comuna de Quinta Normal, es uno de ellos. Vivió la experiencia de la investigación en su propia aula durante tres años gracias al tratado de educación bilateral entre Finlandia y Chile, enfocado en la resolución de problemas de final abierto en clases de matemática.

La participación en el proyecto cambió su percepción sobre la enseñanza de la matemática y también su visión sobre la investigación educativa. Ahora, él es parte de la pequeña, pero valiosa cadena de comunicación en la que se traspasan los resultados y experiencias de proyectos. Fernández sabe que es positivo traspasar esa experiencia a sus pares. Por eso, junto a profesores y directivos de la comuna esperan replicar la experiencia, por lo “innovadora y buena en la práctica”.

El ritmo de los cambios y el riesgo de la difusión apresurada

Pablo Dartnell, que investiga neurociencia y educación matemática en el CMM y del Centro de Investigación Avanzada en Educación (Ciae), cuenta que en ciencia “no se trata de cambiar todo; eso sería como un experimento mal hecho, gigante y sin control”. La investigación, en general, avanza de a poco en todas las áreas. Y afirma: “El gran cambio viene por la acumulación de muchos casos”.

Del mismo modo, los cambios que se pueden desarrollar a partir de la investigación en educación son muchas veces más lentos de lo que la misma comunidad quisiera. Apresurar el ritmo de la investigación conlleva riesgos que pueden ser nocivos para el sistema educacional. “Las cosas que pasan a gran escala demasiado rápido, muchas veces se trivializan por el camino”, opina la investigadora Leonor Varas,: “Porque no tienes tanta gente que llegue con las ideas impecables y dueña de esa teoría para aplicarla con flexibilidad, si no que llegan las consignas simples”.

En esta línea de investigaciones que se tergiversan se encuentran, por ejemplo, algunos conceptos sobre el cerebro y el aprendizaje que, basados en evidencia descontextualizada, se difunden rápidamente y se convierten en mitos urbanos de la educación. Se trata de investigaciones que funcionaron de una manera particular y en determinado caso, pero “se generalizan de una manera bestial y se convierten en una gran cosa que atrae”, explica Dartnell.

Por ejemplo, los hallazgos sobre la lateralización del cerebro han llevado a muchos a pensar que la mujer tiene desarrollado un lado y el hombre otro y que el hemisferio que tiene desarrollado la mujer está más enfocado hacia el lenguaje y no a la parte espacial o matemática.

“Estos son mitos muy dañinos para la enseñanza de la matemática”, expresa Salomé Martínez. La investigadora además señala que muchos de los resultados de investigación que se anuncian públicamente “indican el promedio de lo que ocurrió, pero no se habla de la variabilidad” y esto es riesgoso porque no se toman en cuenta las diferencias de los grandes grupos.

Dartnell finaliza con una reflexión global y contundente: “Hay que acercar la investigación a todos, a los profesores, a la población, poniendo énfasis en estos resguardos, en las sutilezas. Entendiendo qué se obtiene con las investigaciones. Porque esas generalizaciones tan grandes, que es como una pseudociencia, muchas veces son muestras de 10 o 12 personas y se generaliza para toda la población. Se debe ser cuidadoso y crítico”, considera el científico.